Amalia Jamilis

L'intervista

 

 

 

 

 


¿Cómo vive la experiencia de tener un nuevo libro en la calle? 

-Es un momento feliz... un momento que uno quiere compartir con la gente que conoce, más aún en la ciudad donde vivo. Pero, en realidad, el momento que la gente suele llamar "éxito" está en la elaboración de la obra; ahí está todo. Lo demás se da o no, pero ahí tienen lugar los momentos más felices, y, también, los más desesperantes si  no se encuentran los recursos necesarios para seguir  la obra. En términos generales  más que de felicidad podríamos hablar de "plenitud”: El momento pleno es cuando uno escribe.
Por eso, si me tengo que quedar con algo me quedo con el momento de la elaboración, porque ese hecho de trabajar la obra da expectativa y eso es ganas de vivir, futuro... Van incorporadas muchas cosas que tienen que ver con la vida.

La West Chester University de Pennsylvania -E.U.-  publicará un cuento suyo en una antología de escritoras del mundo ¿Cómo recibió esa noticia?

-Con entusiasmo, porque es auspicioso que las universidades se ocupen de difundir a los autores, más en este caso en que no serán únicamente autoras latinoamericanas sino universales. Los cuentos estarán relacionados con la mujer y el dinero...

En su presentación del libro en la Biblioteca Rivadavia de Bahía Blanca contó una anécdota acerca de su primer contacto con la escritura...

-Sí. A los 12 o 13 años, estaba veraneando en las sierras de Córdoba y en esa hostería había un señor muy serio, no precisamente simpático; el Señor Ríos. Este hombre una noche nos propone al grupo de chicos que estabamos ahí que hiciéramos una especie de verso que hicieran rima con la frase: "Café el Potosí". Bueno, los chicos nos dispersamos "para inspirarnos" y yo  hice un poema... (se ríe y rectifica) ...un "algo”, un engendro que decía: "Nunca en mi vida bebí, tan delicioso café como Café el Potosí"... Al hombre le gustó, lo eligió y me dió como premio un helado que para mí era una maravilla. Dos o tres años después en la radio Porteña escuché la publicidad que decía: "Nunca en mi vida bebí, tan delicioso café como Café el Potosí"... Lo que sentí en ese momento fue algo muy grande y difícil de explicar... a alguien le había interesado realmente lo que yo había hecho, a tal punto de ponerlo en la radio. Mis padres me dijeron que el hombre me había estafado pero a mi no me interesó nada, porque ese hombre valoró algo que había surgido de mí.

También estaba la pintura...

-Sí. Mi primera vocación fue la pintura. Desde los 5 años supe que iba a dedicarme a la plástica y ocupó buena parte de mi vida, pero las dos actividades empezaron a superponerse y me era imposible pintar y escribir al mismo tiempo así que fui optando, pero te diría que tengo casi envidia de los que pintan... lo que pasa es que no puedo hacer las dos cosas.

¿Hubo alguna presión para la elección de la expresión?

-Debe haber habido alguna elección natural, digamos que de alguna manera me fueron yendo muy bien las cosas en la parte narrativa, empecé a obtener premios de bastante significación. En el fondo de mi alma es como que siguiera pintando porque tengo una mirada plástica sobre el mundo.

¿Cómo llega en 1967 a escribir Detrás de las columnas ?

- Bueno, venía escribiendo desde hacía un par de años esos cuentos y una vez que tuve una cantidad de suficiente me presenté al concurso del Fondo Nacional de las Artes y  me dieron el premio.
Yo no tenía conocimiento de editoriales ni de cómo se hacía para editar, pero llegué a la editorial Losada y ahí estaban Jorge Lafforgue, Luis Gregorich y un grupo de gente especializada, muy seria e interesante en esos años... y ellos aconsejaron su edición.
Debo decir que eran épocas mejores para un escritor novel porque a las editoriales les interesaban. Tenían una franja reservada para escritores nuevos e inéditos.

En esos años había otro tipo de literatura, así como en estos se da una literatura más liviana...

-Si. Eso es indudable, todo corresponde con la época. No nos olvidemos que eran los 60, una época muy intelectual, de mucha lucha, donde los jóvenes intervenían en el país, había una gran participación, mucha euforia... Una época artística increíble para todos los aspectos del arte no te olvides que los 60 fueron los años del Di Tella... Eran unos años muy estimulantes y había realmente mucho interés de parte de las editoriales.
Hoy día si bien el perfil del mercado indica que hay que ser joven para las editoriales,  se pretende un estilo "light", con ciertas temáticas esotéricas...  es muy especial lo que se busca, por eso es muy difícil  todo porque no hay  libertad, no es que "todo puede ser"; "todo puede no ser", porque justamente está restringido el campo.

A pesar de los obstáculos ha logrado unas buenas ediciones...

-Sí, "Parque de animales", sería el sexto, lo cual no significa una gran cantidad para toda una vida de trabajo... Pero si pensamos que Rulfo con tres libros es lo que es y tiene la significación que tiene...
A parte estoy en  infinidad de antologías y eso es realmente estimulante.

¿Cómo llega a esos finales tan imaginativos?

-Bueno la escritura desde el comienzo hasta el final se me da de una manera natural. Es lenta pero se me tiene que dar sola, por eso trabajo con tanta lentitud; porque no puedo forzar las cosas, no puedo acelerar un tiempo, no puedo "encontrar" si no encuentro... Pero cuando se me da el final es un momento de gran felicidad; cuando encuentro la manera de cerrar bien un cuento. A mí me parece que es un momento muy importante el cierre de un cuento.

Se nota en su obra un gran detalle descriptivo...

-Bueno trabajo mucho con la imagen. Trato que la persona que lea ese cuento tenga la sensación de que está viendo una película, por eso también me cuesta mucho armar la imagen precisa, que no sea menor de lo que necesito ni excesiva tampoco; que sea el punto justo... Bueno, es un trabajo, una elaboración que tiene que ver mucho la técnica.

¿Se propone anticipadamente los temas?

- No. Las historias me surgen solas, pero tienen que estar maduras para que yo empiece a escribir, tengo que saber mas o menos como va a ser, lo cual no quita que en algún momento pueda hacer algún cambio sobre la marcha si me parece mejor.
Llega un punto en el trabajo narrativo en el que paro y miro que pasó hasta ese momento y ahí, cuando ya está algo avanzada la narración, el texto solo indica cómo debe ser seguido y casi te diría también cómo debe ser terminado. Pero uno de los problemas técnicos es siempre para mí quien va a narrar ese cuento, qué personaje, si  yo como narradora, si alguien que interviene en la historia, o alguien que conoce la historia porque se la han contado... Por eso el punto de vista para mí es fundamental ya antes de poner la primer palabra.

¿Por qué siempre el cuento?

-Bueno... Ahora estoy escribiendo una novela pero ahora tuve un "parate" por razones de salud... Está prácticamente terminada. La estoy pasando y al hacerlo la estoy ampliando o desarrollando un poco.
Creo que cada técnica o cada especialidad requiere una mentalidad apropiada. El cuento es para una mentalidad que no salga de esa columna vertebral que es la base en sí del cuento. En la novela te podés ir por ramas, por ríos secundarios... en el cuento no. Hay escritores, como Borges, que siempre escribieron cuentos, hay otra gente que solamente escribió novelas...
El cuento es casi matemático, es un sistema ajedresistico y además el final para mí tiene que ser sorpresivo, porque me gusta leer cuentos que incorporen una sorpresa final, que el lector no esperaba y que de alguna manera hecha luz sobre todo el cuento recién con el final, eso a mí me interesa.

¿Cuál es el tema de la novela?

-Bueno es de un cuento que yo publiqué hace mucho y se llama "Osario bajo la luna". Se trata de un arqueólogo que después de muchos años regresa al sitio en el que había realizado excavaciones... Bueno, el cuento transcurre en Argentina pero la novela en Grecia porque es un país que me interesó cuando lo conocí y me pareció un escenario ideal para poner esa historia en un ambiente con las características históricas de Grecia.

En su último libro hay un cuento, "Hydrolagus purpurescens", que, como ya sucediera con otros publicados en Ciudad sobre el Támesis hablan de episodios de nuestra triste historia reciente...

-Sí... Es la historia de alguien que fue una niña en aquellos tiempos y con el paso de los años vuelve a ejercer una suerte de venganza.

¿Cómo llega a esto?

-Bueno, creo que nadie puede permanecer ajeno a lo que pasa en el país, todo lo que pasa a tu alrededor pasa en tu vida también. Todos los hechos de un país influyen en la vida de cada uno de los ciudadanos, de los pobladores de ese país... y pasa que en la obra de creación toda esa situación se escurre y sale a la luz, no puede "no salir" y, además, hay otra cosa: que aquello que uno en la realidad no puede hacer, por ejemplo ejercer venganza sobre alguien que hizo mucho daño, la puede hacer en la obra de creación. Uno puede matar con total libertad, pude hacer lo que no puede hacer en la vida real, por eso la creación es un campo tan libre. Uno puede satisfacer deseos íntimos respecto a situaciones de la vida real que en la vida real no puede.

Como una venganza artística...

-Sí. Una venganza humana, no sé si solamente artística, uno se siente mucho más liberado... Justamente por eso la creatividad permite al hombre volcar sensaciones terribles que lleva dentro. El campo de la creatividad es sumamente apto porque justamente es un campo libre, nadie puede ejercer ningún tipo de condena, ni cárcel sobre alguien que escribe.
 

Reportaje y foto de © Marcello Marcolini (1999)


 

   
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