Roberto Raschella

Recensioni & materiali

 

 


Su Diálogos en los patios rojos

“Lejos de la representación del lenguaje oral o de cualquier registro costumbrista, ‘Diálogos en los patios rojos' se presenta en sus tres partes –‘Murmullos', ‘Tres días de un invierno' y ‘La sagrada orilla'– como un coro de voces superpuestas. Las voces hablan del destino de mujeres y hombres, de proyectos, fracasos y recuerdos, de preguntas esenciales y de temores. En este sentido, el fascismo, sus heridas y su posible retorno reaparece incesante e indisoluble ligado a todas las vidas, en una y otra orilla. Así el patio es mundo, fusión de tiempos en el presente de un lenguaje que ilumina, en su consistente fulgor, los oscuros caminos de la historia”, (segnalazione di Susana Cella, sul quotidiano Página/12, nel dicembre 1994).


Su Si hubiéramos vivido aquí

“Segunda novela de Roberto Raschella, que actúa en una especie de relación especular (pero nada plana) con la primera, ‘Diálogos en los patios rojos' (1994). ‘Si hubiéramos vivido aquí' se ubica con comodidad entre los grandes títulos de 1998, año especialmente rico en narrativa argentina. Una vez hecha esa afirmación, sin embargo, surge la duda del campo designado, a tal punto el proyecto plenamente logrado de Raschella entra en colisión y se desmarca de lo que se considera generalmente narrativo en este país. [...] todo el libro está escrito con la seguridad, la contundencia verbal y el brillo intuitivo, rítmico, que sólo suele alcanzar la poesía. En este caso lo aumenta un latido mítico, en algunos momentos metafísico, pero a la vez extraordinariamente concreto, que late por ejemplo en los textos de Cesare Pavese, donde cuesta encontrar una línea divisoria entre lo narrativo, lo poético y lo mítico” (segnalazione di Elvio Gandolfo sul quotidiano Noticias di Montevideo, febbraio 1999).


Sulla produzione narrativa di
Roberto Raschella

(...) En su primera novela, Raschella hizo una operación original: construyó un objecto lingüístico raro, mezclando el castellano del Río de la Plata con restos vivos del dialecto calabrés. Algunos verbos y nombres, algunos giros sintácticos y una especie de forzamiento de ambas lenguas que se mezclan en una verdadera lengua literaria, salvadas de la mutua incomprensión. Como nunca antes en la literatura argentina, el castellano se abre para recibir el calabrés, que le deja marcas en los tiempos verbales y en una especie de andar sentencioso de la frase, en las pausas indicadas por los puntos suspensivos, en el lugar donde se colocan las interjecciones, en el uso pronominal, en el léxico. Esta mezcla no tiene nada de caricaturesco ; ninguna de las dos lenguas pierde al mezclarse y, aunque el castellano es naturalmente la lengua de base, el dialecto se hace valer como necesario (...).

Nada en estas incrustaciones recuerda la lengua colorida pero caricaturesca del cocoliche. Por el contrario, las palabras no españolas muestran una especie de similitud y, al mismo tiempo, de diferencia, que no impide la comprensión. Se destacan como algo más, un plus que el castellano no alcanzaría sin el calabrés. Estamos lejos de cualquier color local lingüístico. Se trata, en cambio, de un color poético, una temperatura de la lengua que la vuelve más subjetiva.(...)

El protagonista y narrador de Si hubíeramos vivido aquí llega a la aldea familiar de origen (que es nombrada como “el país”, es decir “il paese”, en una traducción fónica que enriquece el sonido con el peso que la denominación “país”, lugar de origen, tiene por sobre otras palabras como “aldea”; un “país” es un “pueblo” en sus dos sentidos). La novela comienza con esta frase: “Al principio, buscaba sólo la historia de mi padre”. (...)

La búsqueda debe seguir la marcha del recuerdo de otros. Su padre y su madre habían salido de la aldea y, en Buenos Aires, el narrador los había escuchado ablar de ella, como en ella. Por eso, se ha largado a buscar esa « intimidad de pensamiento ». Lo que va a encontrar ciertamente no son las referencias reales de los recuerdo familiares, sino otros recuerdos. Encuentra una parte desconocida de la familia, no la confirmación de la rama familiar de donde proviene. (...)

En la aldea, el protagonista no encuentra la trama inconmovible de una comunidad perdida cuyo recuerdo había sostenido a quienes la habían dejado para emigrar a América. Encuentra en cambio la trama de rencores, deudas impagas, pequeñas traiciones, deslealtades, enconos sordos, heridas o humillaciones que no se perdonan. La aldea ha permanecido casi igual y, por eso mismo, no es el paraíso perdido de los recuerdos familiares sino un amontonamiento de casas desvencijadas y sórdidas, donde los parientes se encierran para no verse, ni escucharse. (da Lugar de origen, di Beatriz Sarlo).


Su Tímida hierba de agosto

“‘Tímida hierba de agosto', su nuevo libro de poemas, parece dar paso a un Raschella menos rígido con el lector, a partir del uso de una lengua poética más cristalizada, donde la utilización de palabras italianas (‘pungente'), o apenas castellanizadas por una tilde (‘rúvidos'), o de cruces de giros entre ambas lenguas, que remiten a algo así como un cocoliche privado, generan un enrarecimiento que no atenta de ningún modo contra la legibilidad. Por otra parte, el autor decidió mantenerse absolutamente fiel a lo que podríamos llamar ‘sus temas'. ¿Sobre todo cuál? Uno encadenado: el tiempo, el paso del tiempo, la percepción del paso del tiempo, focalizado en un registro que se mueve entre la autobiografía y la memoria. Dividido en cuatro partes, ‘Tímida hierba de agosto' es, simultáneamente, una autobiografía de poeta” (segnalazione di Martín Prieto, sul giornale Clarín, marzo 2002).



 
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